Volví al ruedo. Sí. Pasó mucho tiempo y no fue tan difícil. Él bailaba, yo bailaba, nos miramos y ya estaba todo dicho. Tardé un poquitín "¿Este querrá coger? ¿O qué onda?". Me di vuelta y con la mirada recorrí el ya casi vacío cheboli buscando a mi amigo que vive cerca de casa y estaba en auto. No lo encontré por ningún lado. "Puta madre, este pibe se fue" pensé. Cuando volví la mirada el pibito bailarín me invitaba a fumar porro y tomar té a su casa (O sea, por lo menos, a echarnos dos polvos). Y así fue. Su casa, su cama y un polvo con un capítulo de Evangelion de fondo (sí, un animé). Un té, un kiwi, y otro polvo.
Hasta que ¡ah! ¡Son las 7 y media! ¡Me tengo que ir! ¡Me pasan a buscar a las 9 y huelo a sexo! ¡Chau, suerte, nos vemos por ahí!
Ay chicas, esperemos que este sea el comienzo de una linda amistad pijil.
Oh, pija, estos encuentros fortuitos hacen de este, mi mundo, un lugar mejor!
